LA VISIÓN DE CARONTE

A portarse bien…

por Miguel II Hernández Madero

El tema de la violencia en lo que va de la administración López se ha convertido casi en un chiste para las autoridades, pero es una tragedia que crece día a día, sin que parezca tener freno alguno; ya ni siquiera se respeta la figura del Ejército y mientras el presidente de la República exhorta a todos a “portarse bien”, sumamos ya más de veinte mil muertos desde diciembre a principios de agosto.

Tantas muertes provocadas por inseguridad y los avances de los grupos de la delincuencia organizada no son para tomarse a chiste, ni borrarlos diciendo que “se tienen otros datos”. Hay ejecuciones, feminicidios, asaltos, robos con violencia, secuestros y enfrentamientos a tiros en las ciudades.

¿Y cuál es la postura de la administración federal? ¿Cómo reacciona la sociedad? Muchos sólo siguen aplaudiendo las ocurrencias, otros ya envalentonados con el sentimiento de impunidad, se dan el lujo de agredir a las fuerzas armadas y muchos, muchos más, miramos horrorizados como el país se escapa de las manos.

Así es. Estamos encaminándonos a un “Estado fallido”, a un Estado sin presencia, sin autoridad, sin instituciones. ¿Pedir a la gente que se porte bien implica que la violencia se acabó y vivimos en un país pacífico? Claro que no, pero, así como es algo que no surgió de la noche a la mañana, tampoco se resolverá con un aplauso, como hizo creer a muchos el actual presidente.

La inseguridad en México es un tema complejo. El crecimiento de los grupos del crimen organizado, tanto del narcotráfico, como de asaltantes y secuestradores se gestó durante años y terminarlo no ocurrirá en un abrir y cerrar de ojos. Quienes lo creyeron es porque viven en su “mundo de caramelo”.

En este siglo XXI el país se va empapando cada vez más de sangre. La fuerza adquirida por el crimen organizado es tal que ya se repartieron el territorio nacional, sin importar “escudos” o declaraciones de “estados seguros”, que en realidad sirven para obtener recursos, sin resultados palpables.

Pero admitamos algo: Yucatán padece de un grave problema en cuanto a suicidios y delitos impunes, pero aún no se llega al grado de escuchar de ejecuciones, tiroteos y asesinados frecuentes, con cadáveres tirados en las calles, como ocurre en ciudades cercanas.

Un chiste surgido en los años cincuentas en el país, decía que Yucatán era un mundo aparte, un refugio ante eventualidades y por ello “si se acaba el mundo, me voy a Yucatán”. Ahora la mirada está puesta en la región, pendientes de cuánto tiempo permanecerá libre de la violencia.

Ojalá que esa seguridad no sea sólo una ilusión. Hasta la próxima…

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