LA VISIÓN DE CARONTE

¿Y las letras yucatecas?

 

POR MIGUEL II HERNÁNDEZ MADERO

 

En Yucatán la cultura languidece, no sólo por un desastre de 17 años sin rumbo, sino porque se vislumbran otros seis años inciertos, con una Secretaría de Cultura desarticulada y desmantelada, donde lo principal que se ha programado es el despido de promotores y personal ligado con las artes, pero sin pedirle cuentas a verdaderos “chambistas” que se incrustaron en esa dependencia, para vivir cómodamente en el paraíso del erario estatal.

 

Desde el tiempo de Patricio Patrón Laviada, quien nombró a Domingo Rodríguez Semerena, se vio como la actividad artística y cultural no tenía propuestas de crecer. El entonces director del Instituto de Cultura de Yucatán (ICY), prefirió el camino fácil y conservar viejos nombres que se repartían los apoyos y becas para creadores.

 

Lo mismo ocurrió con la administración de Ivonne Ortega Pacheco, quien, pese a que nombró en su momento a personas de gran valor al frente de la dependencia, poco pudieron hacer para cambiar el esquema, aunque es de reconocer que sí hubo algunos logros tanto de Renán Guillermo González como de Raúl Vela Sosa, pero la dependencia mantenía el enemigo en sus propias entrañas.

 

Con Rolando Zapata Bello hubo un nuevo titular, ya con el carácter de Secretario, el poeta Roger Metri González, quien tuvo a su derecha a otro laureado literato (Jorge Lara Rivera), pero la situación no mejoró y todo quedó en un simple letargo, enfocados al final en la obra faraónica del Palacio de la Música, pero en detrimento de otras ramas de la cultura, como las artes escénicas, las plásticas y las letras.

 

Y es en este último aspecto que recalcaré: en silencio, sin aviso algo, se eliminó la medalla “Antonio Mediz Bolio”, que se entregaba por trayectoria, se hizo de manera gradual, primero declarándolo desierto (como si no hubiese escritores yucatecos con obra publicada y reconocimientos en concursos nacionales), para después simplemente dejar de emitir la convocatoria.

 

Pero, además, los Premios Literarios de Yucatán, que originalmente eran cada año y con Patricio Patrón fueron bienales, en esta fase del rolandismo, ya tampoco fueron convocados.

 

¿Significa esto que no hay creadores en Yucatán? ¿Significa esto que las letras yucatecas están muertas y no hay nadie más que los nombres que cada año reciben las becas? No, rotundamente no. Basta dar una leída a los talleristas, basta ver lo que de manera independiente publican los yucatecos o bien revisar los laudos fuera del Mayab para encontrar la participación de peninsulares, buscando dar a conocer sus letras lejos del terruño.

 

¿Continuará esta situación con la nueva Secretaria de Cultura? ¿Se atreverá a darle impulso de nuevo a las letras yucatecas o estamos viendo cómo se termina de sellar la tumba de la literatura en Yucatán?

 

Ojalá no pretendan ponerle un epitafio a la literatura yucateca, porque para bien o para mal, los escritores yucatecos seguirán llevando sus letras fuera de estas tierras mágicas del Mayab.

 

Hasta la próxima…

 

POR MIGUEL II HERNÁNDEZ MADERO

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